El cámara, homenaje a un amigo.

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Los lunes eran los días de descanso. Realmente descansabas. Mientras la ciudad corría a ritmo acelerado de un tradicional lunes por la mañana, yo dormía. Aún extraño esos lunes, y sobre todo los domingos por la noche cuando sabía que el Bar Juanito en Barranco estaba abierto luego del programa. Llegaba cerca de las 10:30 pm a tomar una cerveza para neutralizar emociones, pedir un pan con jamón del país y sonreír a los señores Juanitos, a los que tanto admiro. Así lo recuerdo.

Con todo respeto considero que el trabajo de un reportero de investigación de un programa dominical, en particular, es hermosamente desquiciado. A mí me cautivó. Es un trabajo duro, de mucha responsabilidad, aprendes a acostumbrar a tu corazón y mente a buscar el equilibrio, a adaptarte a los cambios bruscos, como visitar una familia sin recursos en el barrio Nocheto en el Agustino que tiene a un familiar muy enfermo o viajar a Almería en España a entrevistar al talentoso y guapo Alejandro Sanz, todo, en la misma semana. Lo más difícil, personalmente, siempre fue aguantar el sentimiento, aguantar la lágrima, que no caiga. Tiempos en mi vida que disfruté siempre. Y más, durante los últimos años que trabajé en Cuarto Poder, cuando los temas vinculados al sector ambiental tomaban más importancia, ya no hacíamos un reportaje ambiental al año, sino cuatro o más. El Calentamiento Global tomaba lugar en la agenda política, y mi conexión con la Pachamama aumentaba.

Aprendí a ir más despacio, a dejar el necesario espacio de silencio que necesitaba mi dupla: el cámara. Sin el camarógrafo no hay nada, sin su talento no hay reportaje. La lección me la regaló un gran compañero de trabajo, el místico Miguel Piedra, quién invertía varios minutos para pedir permiso a la Naturaleza y poder grabarla con su lente, registrarla. Simplemente yo lo miraba y esperaba que el tiempo este de nuestro lado porque muchas veces el tren o el avión estaba por partir, pero siempre se lograba, llegábamos a tiempo, esa sensación solo con Piedra.

Conocí al oso de anteojos en el Área de Conservación Privada Chaparrí junto a Julio Mathews, vi a pocos metros a una familia de tapires caminando en el Parque Nacional Bahuaja Sonene y observé en lo alto al cóndor andino en la Zona Reservada de Illescas con Roberto Muñoz, y también observé por largos y mágicos minutos al delfín rosado en la Amazonia brasileña junto al inolvidable y siempre respetuoso con el Planeta, al buen amigo Carlos Jiménez. El tiempo avanza y deseo retrocederlo para volver a reír juntos, el particular tono de tu risa siempre me acompañará Montaner.

Hoy entiendo más sobre el tema ambiental, sé que el Planeta se calentó, leo que entre el año 1970 y el 2014 hemos perdido el 58% de vertebrados (Fuente: WWF), algo pasó. Recuerdo que luego de editar con mi amigo Saki, maestro de maestros, me comentó que su hijo Adrián le preguntó luego de ver un reportaje que trabajamos juntos, ¿qué significaba extinción? y Sakihara Yagui, siempre claro y directo, le respondió; desaparecer de la Tierra, esa es la verdad, es lo que podría pasar.

Los lunes de descanso eran nuestro Domingo, los amigos de los dominicales nos buscábamos, almorzar juntos era maravilloso. Caminando a la bodega con el cajón de cervezas retornable, de la casa que compartía con la mejor roomate, súper Chiari, mi amigo el periodista y entonces conductor del programa donde trabajaba, Raúl Tola me dice: “Katita, cada reportaje ambiental que haces en tu vida lo estás aplicando a tu vida”, y sí, la respuesta era esa, me sentía mejor comprando en vidrio antes que en lata y mejor aún si podía ser retornable, empecé a cambiar, e intenté hacerlo con respeto, sin incomodar. Disculpen si incomodé en algún momento. El cambio fue así, pasito a pasito.

Hoy deseo recordar, agradecer y reconocer a nuestro gran amigo, camarógrafo, padre, esposo y en especial, gran ser humano, a Carlos Jiménez, con quien muchas veces compartí esos domingos por la noche, esos lunes en el almuerzo, esos viajes dónde el llanto aparece y dónde fui testigo de la maravillosa conexión que lograba con lo que registraba, un grande. Carlos fue un ejemplo con el respeto a la Naturaleza, en Diciembre del 2015 se celebraba la COP21 en Francia, Paris, el espacio político donde se logran acuerdos climáticos. Buscar que la temperatura de la Tierra no incremente es necesario, Carlos y su hija no estuvieron en Paris, ambos caminaron juntos en las calles de Lima,  (min 01,58) exigiendo a los políticos del mundo cuidar nuestro Planeta, gracias Jiménez, por siempre te quiero. #JusticiaClimática.

Captura de pantalla 2017-11-29 a la(s) 09.58.19

Comparto Héroes Verdes, excelente experiencia del sector corporativo, muchas gracias Marcela Olivieri. (Edición: Alfonso Ego-Aguirre). https://www.youtube.com/watch?v=Ot84fmclI8I.

 

 

 

 

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