#CarnéUniversitario #MCEO2017

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Universitaria. Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas. Año 1995. Foto en Huaral, Perú

Mes de mayo del 2017. Domingo, temprano, organizaba el desayuno que serviría al grupo que me había tocado en la maestría. Grupo que recién conocía y que nos acompañaríamos durante todo el año 2017 y también, todo el 2018. Teníamos que llevarnos bien. Puse mi CD de Jack Johnson, huevos orgánicos, hierba luisa y manzanilla natural, jugo de manzana@puntoorgánico, pan de Bety 🙂 y mucho café!. Poca confianza, todos millenials, pocos dinosaurios como yo. Y, rápido apareció la pregunta #SinFiltro del gran Silvio, “Katita, una pregunta, ¿cuándo tu eras joven, eras hippie?”. No sabía si llorar o reír, solo atiné a decirle, “Silvio, pero si yo sigo siendo joven”. Ja!.

Amé ese momento, nunca lo olvidaré, nunca lo olvidaremos Rai, Mel, Gabo, Silvio, los tengo en mi corazón para siempre. Y esa pregunta me hizo pensar, quizá aún no lo asimilo, no sé si soy hippie, o quizá hipster, como un profesor de la maestría me calificó, con mucho respeto, al minuto 08 de haber iniciado su sesión. Lo único que sé, es que soy feliz en la mitad del monte, cerca al mar, en la selva, mirando las estrellas, con pajaritos que pasan delante mío, viendo tapires, y si aparecen abejas o mariposas, sonrío más.

Mes de Setiembre del 2018, quedan pocas semanas del año. Año en el que cumplo un reto valiente en la vida, con 44 años cumplidos, culmino la maestría y estoy en un nivel upper en inglés, ni yo me lo creo. Volví a ser universitaria, carné universitario, amanecidas leyendo, jueves de vinos con los compañeros, fines de semana de lectura, números y más números, PAD, UDEP, profesor particular de contabilidad, inglés a las 7 am, leer, escuchar, grupo de estudio, vida universitaria.

Etapa que empieza a culminar, y hago una reflexión que me enseñó la dureza de la realidad en la prensa, que la vida es un tiempo corto, único y que no vuelve. Por eso dedico con todo mi cariño este post a todos mis compañeros, hoy mis amigos del MCEO que durante el 2017 y el 2018, estuvimos juntos, viviendo, en el mismo túnel, ayudándonos, aprendiendo.

Confieso que en clase tuve algunos episodios, que me costaron una baja en el promedio. Quizá fui algo pasional, disculpen lo pesada que debo haber sido, pero siempre fue defendiendo al papel antes que al plástico, o confesar públicamente mi profunda tristeza por la posible extinción de la comunidad kandoshi, o en el intercambio en la Universidad de Navarra intentar, en la primera sesión, posicionar la palabra sostenibilidad, y en las noches de fiesta fui la encargada oficial de llevar al recycling point las botellas que nos bebimos en #NuestroBar. Los voy a extrañar.

El resultado, un grupo hermoso que trabaja por el desarrollo del Perú y eso es tan gratificante. Tomar la decisión de estudiar cuesta, no solo tiempo, también dinero, lo único que hoy aseguro que ha sido una gran inversión. Gracias a cada uno, a pasarla lindo ésta última etapa, el remate, con fuerza, como esponjas, para poder disfrutar de la oportunidad que tenemos, estudiar. #ThanksFamilyHome @MCEO2017.

Pd. @MelissaArana eligió la foto. #Instagram.

Illescas, Wawa Parraud.

Cámara: Roberto Muñoz
Foto: @HeinzPlenge Cámara:@RobertoMuñoz Lugar: @Illescas

 

Año 2006, año en el que empecé a investigar temas ambientales. Momento en el que conocí a lobos vestidos de corderos, esos que siempre intentan confundir. También conocí a niños intoxicados con metales pesados, a mujeres y hombres enfermos, a los maestros Kandoshi muriendo por la hepatitis C. Me crucé con héroes verdes y conservacionistas coherentes, pero también con varios verdes “figuretis”. Pero lo que me llevo en el recuerdo por siempre es a muchos periodistas del mundo comprometidos con el tema, en especial a la periodista norteamericana Bárbara Fraser.

Perú, país que me permitió conocer tantas historias, país que me acercó a entender el cambio climático. Así empecé. Luego de esos viajes, volvía a Lima y me esperaban unos días durísimos, de pocas horas de sueño, arrancaba el proceso operativo: pautear, escribir, tomar chelas, escribir, editar, tomar café y cuando el turno de edición era con el más perfeccionista, con el del oído extra terrenal, con el maestro, el señor Alfonso Ego-Aguirre, más conocido como Foncho, la valla era aún más alta. Amaré siempre su puntualidad, Foncho, cuál suizo, me esperaba minutos antes de la hora pactada y empezábamos un viaje audiovisual, fascinante. Buzo, chalina e ingresar a la congelada isla de edición, siempre con nervios, porque no sabes lo que se logrará. Foncho decía; “si me traes un buen lomo, tomate fresco y unas buenas papás, tendrás un buen lomo saltado, pero si las imágenes, el texto y la pauta están malas, solo podré cocinar “chanfainita”. Lograr el lomo saltado era un reto. Tanto aprendizaje. Agradezco hayan estado en mi camino. Con ese team trabajé muchos años. Los quiero, los tengo siempre en mi corazón.

Hoy en día existe más conciencia respecto a la conservación del medio ambiente, es maravilloso. Ayer en clase de la Maestría, nuestra experta y simpática maestra de psicología Maka, vinculo el tema del curso al reciclaje. Mi corazón latía más rápido. He aprendido a entender el comportamiento humano desde la psicología y el mensaje es que siempre será más sencillo reaccionar a las cosas que hemos vivido, experimentado, apelar a la experiencia, o en todo caso acercarnos a ella.

Hoy les dejo un reportaje, que quizá los anime a visitar un paraíso donde aún se baña el Cóndor, la Zona Reservada de Illescas. Un reportaje que siempre llevaré en mi alma, Illescas, esa punta que sobresale de nuestro mapa del Perú entre Piura y Lambayeque, dónde aún baja el cóndor andino, aquel ave majestuosa carroñera que busca carne de lobo marino en las costas del Perú.

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08 cóndores en Zona Reservada Illescas @HeinzPlenge

Wawa Parraud, conservacionista y amante del mar que partió antes de lo debido, dejó el legado de un gran registro del cóndor en las orillas del Océano Pacífico, hoy Illescas es una zona reservada dentro de la pirámide de las áreas naturales protegidas. Este link los lleva a un trabajo que realizo Wawa. El cóndor de Punta Luna. @WawaParraud

La publicación anterior en #Katialien me dejó pensando en las personas que he conocido y se han ido, con algunos tuve más tiempo para compartir que con otros, y puedo decir, marcaron mi vida de alguna manera. Montaner siempre estará en mis recuerdos, en especial sus risas y Wawa, gracias por la confianza, te fuiste muy pronto, intentaré interpretarte desde dónde estés. I love Illescas.

*Reportaje de Roberto Muñoz, Carlos Correa y Katia Duharte. El baño del cóndor.

El cámara, homenaje a un amigo.

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Los lunes eran los días de descanso. Realmente descansabas. Mientras la ciudad corría a ritmo acelerado de un tradicional lunes por la mañana, yo dormía. Aún extraño esos lunes, y sobre todo los domingos por la noche cuando sabía que el Bar Juanito en Barranco estaba abierto luego del programa. Llegaba cerca de las 10:30 pm a tomar una cerveza para neutralizar emociones, pedir un pan con jamón del país y sonreír a los señores Juanitos, a los que tanto admiro. Así lo recuerdo.

Con todo respeto considero que el trabajo de un reportero de investigación de un programa dominical, en particular, es hermosamente desquiciado. A mí me cautivó. Es un trabajo duro, de mucha responsabilidad, aprendes a acostumbrar a tu corazón y mente a buscar el equilibrio, a adaptarte a los cambios bruscos, como visitar una familia sin recursos en el barrio Nocheto en el Agustino que tiene a un familiar muy enfermo o viajar a Almería en España a entrevistar al talentoso y guapo Alejandro Sanz, todo, en la misma semana. Lo más difícil, personalmente, siempre fue aguantar el sentimiento, aguantar la lágrima, que no caiga. Tiempos en mi vida que disfruté siempre. Y más, durante los últimos años que trabajé en Cuarto Poder, cuando los temas vinculados al sector ambiental tomaban más importancia, ya no hacíamos un reportaje ambiental al año, sino cuatro o más. El Calentamiento Global tomaba lugar en la agenda política, y mi conexión con la Pachamama aumentaba.

Aprendí a ir más despacio, a dejar el necesario espacio de silencio que necesitaba mi dupla: el cámara. Sin el camarógrafo no hay nada, sin su talento no hay reportaje. La lección me la regaló un gran compañero de trabajo, el místico Miguel Piedra, quién invertía varios minutos para pedir permiso a la Naturaleza y poder grabarla con su lente, registrarla. Simplemente yo lo miraba y esperaba que el tiempo este de nuestro lado porque muchas veces el tren o el avión estaba por partir, pero siempre se lograba, llegábamos a tiempo, esa sensación solo con Piedra.

Conocí al oso de anteojos en el Área de Conservación Privada Chaparrí junto a Julio Mathews, vi a pocos metros a una familia de tapires caminando en el Parque Nacional Bahuaja Sonene y observé en lo alto al cóndor andino en la Zona Reservada de Illescas con Roberto Muñoz, y también observé por largos y mágicos minutos al delfín rosado en la Amazonia brasileña junto al inolvidable y siempre respetuoso con el Planeta, al buen amigo Carlos Jiménez. El tiempo avanza y deseo retrocederlo para volver a reír juntos, el particular tono de tu risa siempre me acompañará Montaner.

Hoy entiendo más sobre el tema ambiental, sé que el Planeta se calentó, leo que entre el año 1970 y el 2014 hemos perdido el 58% de vertebrados (Fuente: WWF), algo pasó. Recuerdo que luego de editar con mi amigo Saki, maestro de maestros, me comentó que su hijo Adrián le preguntó luego de ver un reportaje que trabajamos juntos, ¿qué significaba extinción? y Sakihara Yagui, siempre claro y directo, le respondió; desaparecer de la Tierra, esa es la verdad, es lo que podría pasar.

Los lunes de descanso eran nuestro Domingo, los amigos de los dominicales nos buscábamos, almorzar juntos era maravilloso. Caminando a la bodega con el cajón de cervezas retornable, de la casa que compartía con la mejor roomate, súper Chiari, mi amigo el periodista y entonces conductor del programa donde trabajaba, Raúl Tola me dice: “Katita, cada reportaje ambiental que haces en tu vida lo estás aplicando a tu vida”, y sí, la respuesta era esa, me sentía mejor comprando en vidrio antes que en lata y mejor aún si podía ser retornable, empecé a cambiar, e intenté hacerlo con respeto, sin incomodar. Disculpen si incomodé en algún momento. El cambio fue así, pasito a pasito.

Hoy deseo recordar, agradecer y reconocer a nuestro gran amigo, camarógrafo, padre, esposo y en especial, gran ser humano, a Carlos Jiménez, con quien muchas veces compartí esos domingos por la noche, esos lunes en el almuerzo, esos viajes dónde el llanto aparece y dónde fui testigo de la maravillosa conexión que lograba con lo que registraba, un grande. Carlos fue un ejemplo con el respeto a la Naturaleza, en Diciembre del 2015 se celebraba la COP21 en Francia, Paris, el espacio político donde se logran acuerdos climáticos. Buscar que la temperatura de la Tierra no incremente es necesario, Carlos y su hija no estuvieron en Paris, ambos caminaron juntos en las calles de Lima,  (min 01,58) exigiendo a los políticos del mundo cuidar nuestro Planeta, gracias Jiménez, por siempre te quiero. #JusticiaClimática.

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Comparto Héroes Verdes, excelente experiencia del sector corporativo, muchas gracias Marcela Olivieri. (Edición: Alfonso Ego-Aguirre). https://www.youtube.com/watch?v=Ot84fmclI8I.

 

 

 

 

#Katialien

Y me animé, encontré el momento y acá estoy, decidida a compartir mi experiencia con la naturaleza. Les dejo la primera publicación en el blog Katialien.

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Conocí la naturaleza de la mano de un cazador. Era una adolescente, nieta de croatas refugiados de la Segunda Guerra Mundial. Siempre intenté ver, oír y sentir. Y la vida me regaló a un loco que amaba estar metido en el monte. Un loco que podía parar en medio de la carretera sin asfaltar de un momento a otro y pedirme que bajara de inmediato de  la camioneta Lada Niva que nos llevaba por todo el Perú, y en medio de la nada me pedía silencio y señalaba un ave amenazada, explicándome que quedaban muy pocas de su especie, se limpiaba las lágrimas y me llevaba hacia el otro extremo de la emoción, a recoger a sus amigos de la localidad, con sus perros, cigarros y comida y con ese team me metía al bosque seco del norte chico para durante días y noches, fumando cigarros inca y preguntando a los finados que animal iba a caer, los acompañaba entre cerros desérticos siguiendo el rastro de un venado. Así fue como conecté con la naturaleza, con esos paisajes, vientos, cielos estrellados, amaneceres multicolor, pero, sobre todo con las historias.

Cuando cumplí 16 años viajé a Barntrup, un pequeño pueblo al norte de Alemania. El termómetro era bajo cero pero una familia cálida del hochdeutsch me enseñó que el autobús del colegio pasaba a las 7:03 am, sin opción a espera, que los residuos sólidos se separan y que no hay que sentir miedo de lavar la ropa en el sótano de la casa junto al cuerpo de un venado joven recién atropellado en la carretera en plena nevada. El venado debía ser trasladado por reglamento a la casa del guardabosques de Barntrup y era ahí dónde justamente me tocó vivir. Viví tres meses en la familia del guardabosques en un pequeño y hermoso pueblo alemán junto a Los Linneweber.

Muchos inviernos después terminé convirtiéndome en reportera de un programa dominical realizado por el Instituto de Defensa Legal y emitido por Canal N. Se llamaba “Sin Rodeos” y lo conducía un buen maestro en la vida, Hans Landoldt. Cada Domingo publicaba reportajes con énfasis en temas vinculados a Derechos Humanos -Perú vivía recientemente los resultados de la Comisión de la Verdad y Reconciliación-. Luego de un tiempo me mudé a la señal abierta, a la argollera, dónde convives con el raiting, esa que te puede llevar a la fama y darte mucho poder. Fue trabajando para Cuarto Poder que llegué a un pueblo en las orillas del río Corrientes, en el nororiente del Perú, llamado Trompeteros. Junto al camarógrafo, gran compañero y buen amigo Carlos Mauriola nos alimentamos de latas de salchichas y bebimos botellas de cerveza, la única bebida y alimento seguro en ese lugar, ya que una empresa vertía restos de cadmio y plomo en el río amparada por la ley peruana. Así enganché con los temas vinculados al medio ambiente desde la comunidad Achuar, en el año 2006. Les dejo los reportajes por aquí.

Link

“Alerta en Corrientes” Parte 1 Créditos @Cuarto_Poder.

“Alerta en Corrientes” Parte 2  Créditos @Cuarto_Poder.

Gracias totales Manuel Chiarella Masías, ese loco que me presentó a la naturaleza, pareja de mi querida madre, muchas gracias de corazón te lo digo públicamente 30 años después.